· La lectura que define a un lector no es jamás un hecho abstracto. El que lee con pasión se lee a sí mismo en los libros; se conoce y se reconoce mejor gracias a ellos, y comienza a saber que lo más importante de los libros no son los libros en sí –instrumentos, al fin y al cabo-, sino lo que producen, lo que suscitan esos libros. Michèle Petit lo ha dicho con aguda inteligencia: “Si la lectura sigue teniendo sentido para numerosos niños y adolescentes que leen, ya sea con frenesí o de manera episódica, es, en mi opinión, porque la consideran un medio privilegiado para elaborar su mundo interior y, en consecuencia, de manera indisolublemente ligada, para establecer su relación con el mundo exterior. Es ante todo porque les permite descubrirse o construirse, darle forma a su experiencia, elaborar sentido. (Juan Domingo Argüelles; Ustedes que leen; Océano; pag. 80-81)