Esto de los estudios es un no parar: no digo que no sean necesarios, no, pero es que repetir hasta la saciedad lo mismo cada dos por tres, no me parece la fórmula más adecuada. Hay una mini-industria alrededor de este tipo de estudios, que también tiene sus estándars, y en donde lógicamente quien los paga, como en el arte y la edición, los condiciona… para que luego los medios los vayamos extendiendo como el cólera, rasgándonos las vestiduras o sirviéndonos de ellos como argamasa reflexiva.

De la frase “Más del 43% de los españoles aseguran que no leen casi nunca” me interesa el “casi”: ¿qué tipo de lecturas entran en ese “casi”? ¿Por qué la manía de dejar a los “casi” fuera, cuando son ellos, los que inclinarán las balanza -como en las elecciones? Ahí habría un hilo desde el que tejer nuevas complicidades. De la sentencia: “frente al 41%, que declara leer casi todos los días”: me interesa, claro, ese escueto 41% (interés que manifestaría, por ejemplo, con una campaña dirigida a ellos, web, en red, bla, bla, bla… “Eh!, Cuarenta y uno por ciento, ¡queremos nombres! ¿Quiénes sóis? ¿Qué os hace falta, somos el Gobierno, tenemos dinero, qué necesitáis?”).

De la acotación: “Según el último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) con el patrocinio de la dirección general del Libro del Ministerio de Cultura”: yo separaría de una vez por todas lo que es la compra de libros de lo que es la lectura… Pues ni todos los libros comprados son leídos, ni todos los leídos son comprados. Que una cosa es el Ministerio de Industria y otra el de Cultura, y otra el de Educación (que muchas veces confundimos). Además, todo aquel que haya hecho un estudio de este tipo lo sabe, la casuística de los datos y la cacofonía semántica de la metainformación, termina generando tablas rasas, que cada vez dejan a más gente fuera: trabajando sobre segmentos “representativos”, se obtienen datos “normalizados”, y por tanto “excluyentes”.

La gran rueda de la identidad lectora de este país, determina que somos 22 millones de personas que leemos, dos puntos más que el año pasado… Y?
Que Catalunya es la segunda comunidad, por detrás de Madrid… Y?
Que nuestros índices de lectura están por debajo de la media europea y muy por debajo de los países nórdicos… Y?
Que también que los españoles leen una media anual de 8,6 libros, con una lectura de 5,8 horas semanales entre los lectores frecuentes… Y?
Que las mujeres siguen superando a los hombres en intensidad lectora en todas las franjas de edad. Así, el perfil del lector en España se consolida como mujer, universitaria y joven que prefiere la novela, lee en castellano y en casa… Y? ¿Quienes leen más, los inmigrantes o los españoles? ¿Los cristianos o los musulmanes?… ¿En qué parte de la casa?

En medio de todo esto, se hace eco de que ‘La catedral del mar’, ha sido la novela más leída en 2007… Uauhhh! Y eso que la fuente es La Sección de Cultura de El Periódico Global en Español (¿tendrá intereses, digo yo, en seguir haciendo eco y eco de lo mismo?). Porque en todo su rollo global, de su innovador planteamiento en red, al más rabioso estilo 2.0, apenas hay referencias a todos esos otros títulos que aunque con menos suerte que el de los Falcones, podrían ser noticia… ¿No podría serlo que Jordi Nadal de Plataforma Editorial edita un libro de un juez del Tribunal Internacional de La Haya? ¿O que Ana Zendrera de Sirpus esté vendiendo a Paulo Coehlo en árabe? ¿O que desde Coco Books anden tejiendo aventuras entre la onda Mariscal y la artesanía deep del Japón?… Yo, lo menos que espero del gigante con prisa, es que nodifique bien, que relacione correctamente… Que haga periodismo también “por” las redes. Se llevarías alguna sorpresa…

Sería hora de separar el Mercado de la Cultura, en estos aspectos estudiantiles al menos, aunque sea para convertir en sinergia, lo que hoy está revuelto. Encuentro federacionalmente útil, gremialmente necesario y editorialmente urgente, que las empresas que se dedican al negocio de la venta de contenidos, especialmente si su base de negocio es la edición y venta de libros, dispongan de los máximos recursos orientacionales posibles. Su mercado hoy está convulsionado, termodinamizado, crisis evolutivas inherentes enredadas en profundas transformaciones sociales, cambios de usos y hábitos en los lectores clientes usuarios, y es lógico que exijan a sus entidades profesionales de representación, materiales de trabajo… Cualquier sector económico que no haga frente común ante problemas comunes, yerra. Cualquier sector productivo que no humedezca sus barbas cuando arden en su vecino, yerra. Está bien que se protejan, que ataquen, que ensayen y se equivoquen… Pasa hasta en las mejores familias. Pero la lectura es otra cosa.

La lectura tiene que ver con Cultura y Educación, con Civilización, Humanidad, Universo, Diversidad… ¿Hasta cuando persistirá la varonía mal entendida de computar y medir lo innombrable y lo infinito? ¿Por qué ha de ser excluido del Club De Los Que Leen, aquél que degusta durante todo un año, un sólo libro que ni siquiera ha comprado…? Entre los lectores hay cada vez más “Leí Guerra y Paz en 20 minutos: iba de Rusia”. Cada vez que veo a alguien aletear sobre la profusión de sus lecturas, me afianzo en que la lectura hay que plantearla como algo universal de tránsito iniciático continuado, abstracto e íntimo… ¡no léxicamente externalizada en unidades lectométricas insumidas! “No, lo que lees, que te aproveche, y que se te note, sobre todo que se te note, pero no me lo cuentes: quiero sentir la humedad ambiente, no empaparme de fuentes”… También en el mundo de la lectura, como en el de la moda, hay una tendencia abúlica manifiesta enquistada en legiones de lectores anoréxicos. Fenómeno que se da cada vez más entre los que compran libros compulsivamente (la libresca idea de dejarse el sueldo en libros), que entre los que saben que en un clik y cerrar de ojos, tienen ante sí inmensos pastos de información, obras y conocimiento humano (además de libros claro).

Y evidentemente, tomando lo que tienen de utilidad estos estudios, leches, hay un fondo de comercio de al menos 22 millones de humanos sobre los que trabajar, sólo en España, fidelizaciones, y otros tantos que ganarse. También a los que venderles libros y nuevos productos editoriales. Que se encargue el mercado. Pero desde un punto de vista público, hay que localizar a esa ciudadanía que como apuntaban Sergio Vila-Sanjuán y Joaquín Rodríguez, está renunciando a su condición de ciudadanía, y conversar con ella, y quizá leerle alguna cosa… Hay que acercarse a ellos en una “tercera fase”, empezando por entablar diálogos sónicos básicos, luego sónico-lumínicos, y por último, la presencia, el tacto, el presente: no machacarlos con publicidades y moralinas.

Como lector que disfruta con la lectura, me siento bien de que mi hijo la viva y la aprecie (es cierto que nos imitan en todo… ojo), pero soy consciente de que esto tiene más que ver con el amor, la paciencia y la constancia de su madre, que durante 2.555 hrs, durante 2.555 días, le ha contado cuentos, leyendas, fábulas, canciones, libros… antes de dormirse, que con mis posteos sobre lectura en este rondó, sin ir más lejos que busca ser Tökland. Del mismo modo, es más mérito mío que de su madre, que a sus siete años se maneje con soltura por las redes digitales de sus intereses, con sus navegadores y sus gestores de descargas, y su técnica básica en el tratamiento de imágenes; al contrario que mi generación, que no llegó a olisquear la inteligencia artificial hasta el la llegada del amigo Simon. Unos con lo importante y otros con lo que tiene importancia… Sístole y diástole… O sístoles y diástoles en azarosa progresión, como en el juego…

Simon

> ¿Te acuerdas de Simon o de Sensor como también se llamaba?

> Txetxu, de Con Valor, plantea la cosa desde otro ángulo…